Misterio de la ENCARNACION Sentido de la NAVIDAD AÑO LITURGICO – ADVIENTO
NO al ESPIRITU DE LA NAVIDAD
1. ¿Cuál creen ustedes que es el hecho más importante que ha sucedido en la historia de la humanidad?
Es, sin lugar a duda, el Nacimiento
del Dios-Hombre, de Jesucristo. Este acontecimiento fue tan importante,
que la historia se divide en “antes” y “después”
de Cristo.
2. ¿Han pensado ustedes
alguna vez cómo era la situación de la humanidad antes
de la venida de Cristo? ¿Se recuerdan
ustedes del pecado original y de la promesa del Mesías
que Dios había hecho a la humanidad? ¿No creen ustedes
que el pueblo de Dios debe haber estado esperando ese hecho con gran
expectativa y hasta con ansiedad?
Traten de penetrar, por un momento lo
que podía sentir la gente que esperaba al Mesías prometido
… Porque es costumbre –ahora que ya Cristo estuvo entre
los hombres, nació, vivió, murió y hasta resucitó-
tomar su venida como un derecho adquirido… y hasta darnos el lujo
de rechazar a Cristo o de no importarnos lo que Dios ha hecho para con
nosotros.
¿Nos damos cuenta realmente de
este misterio que, además de misterio, es el regalo más
grande que se nos haya podido dar?
Los Profetas del Antiguo Testamento,
especialmente Isaías (Is. 9, 1-3 y 5-6) nos hablan de que la
humanidad se encontraba perdida y en la oscuridad, subyugada y oprimida,
hasta que vino al mundo “un Niño”. Entonces
“el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran
luz ... se rompió el yugo, la barra que oprimía sus espaldas
y el cetro de su tirano”.
Podemos imaginar, entonces, la alegría
que deben haber sentido los Pastores cercanos a la cueva de Belén
cuando el Ángel se les aparece en la Noche de Navidad y les dice:
“Les traigo una buena noticia, que causará
gran alegría a todo el pueblo: hoy les ha nacido en
la ciudad de David, un salvador, que es el Mesías, el Señor”
(Lc. 2, 1-14)
3. ¿Alguno de ustedes se
le ha ocurrido pensar cómo estuviéramos si Jesús
no hubiera venido a salvarnos? ¿Hemos pensado cómo estaríamos
si ese “Niño” no hubiera nacido?
Estaríamos aún bajo “el
cetro del tirano” (Is. 9, 6), el “que gobierna
este mundo” (Jn. 12, 31). Pero con la venida de Cristo, con
el nacimiento de ese Niño hace dos mil años, y con todo
lo que hizo y sufrió por nosotros, se ha pagado nuestro rescate
y estamos libres del secuestro del Demonio.
4. ¿En qué consiste
el Misterio de la Encarnación?
En que Dios se hace Hombre sin dejar
de ser Dios y se encarna (se hace carne, o sea, se hace humano)
en el vientre de la Santísima Virgen María.
5. ¿Cómo se forma
Jesucristo en el vientre virginal de María?
Es obra del Espíritu Santo. Veamos
lo que dice la Biblia:
| Memorización Cita
y texto: Lc. 1, 35 “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso el Niño Santo que nacerá de ti, será llamado Hijo de Dios”. (Lc. 1, 35). |
6. ¿Quién dijo esas
palabras a quién? ¿Qué significan?
El Arcángel San Gabriel a la Santísima
Virgen María. Significan que Jesús es realmente Hijo de
Dios, pues El es concebido en María por Dios Espíritu
Santo. Por eso decimos en el Credo “Creo en Jesucristo, su
Único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por
obra y gracia del Espíritu Santo”.
Este misterio es, además, el
regalo más grande que Dios nos ha hecho.
7. ¿Cómo creen ustedes
que era esa existencia de Dios antes de que creara el mundo?
Antes de la creación del mundo
vivían las Tres Divinas Personas (Tres Personas, pero un solo
Dios: la Santísima Trinidad) en la infinita lejanía de
la eternidad. Sólo existía Dios.
En clases anteriores hemos hablado que
Dios es eterno, es decir, que existe desde siempre y que existirá
por siempre. Nosotros, los seres humanos tuvimos un principio.
En efecto, según el Evangelio
de San Juan (Capítulo 1), antes de la creación del
mundo -en la infinita lejanía de la eternidad- sólo existía
Dios: el Dios Único, el Dios Trinitario -Tres Personas en un
solo Dios.
Dios no tuvo origen, ni tendrá
fin: Dios es Eterno. Dios ha existido desde siempre.
Y Dios existe por Sí Solo.
Dios hizo todo, y nada se hizo sin Dios.
Así, Dios Padre (Primera Persona de la Santísima
Trinidad) crea el universo entero y crea al hombre, a todos los hombres,
por lo cual cada uno de nosotros es “creatura” de Dios.
La Segunda Persona de la Santísima
Trinidad, de ese Dios Trinitario, es “el Verbo”
o “la Palabra”, o sea,
la expresión de Dios. “Y el Verbo se hizo carne y habitó
entre nosotros” (Jn. 1, 14).
Es decir: Todo un Dios
se rebaja de Su Divinidad hasta nuestra humanidad para hacerse uno como
nosotros. Este milagro sucede cuando el Espíritu Santo,
el Espíritu de Dios (la Tercera Persona de la Santísima
Trinidad) desciende sobre la Virgen María y ella, por el “Poder
del Altísimo”, concibe en su seno al Hijo de Dios,
al Emmanuel, al Dios-con-nosotros. Es así como el Verbo de Dios
se encarna en las entrañas de la Santísima Virgen María.
Y ese Dios-hecho-Hombre en el seno virginal
de María Santísima irrumpe en la historia y se hace presente
en nuestro mundo al nacer en la Cueva de Belén.
¡Milagro tras milagro; misterio
tras misterio, que conmemoramos en la Navidad!
8. Pero hay otro misterio consecuencia
de la Encarnación. ¿Cuál será? … Jesucristo
es Hijo de Dios ¿y nosotros?
Misterio mayor aún es que el
Hijo de Dios hecho Hombre nos consigue a los seres humanos el ser también
nosotros “hijos de Dios”.
¿Se recuerdan lo que hemos dicho
que, Jesucristo, el Hijo de Dios, vino a este mundo “y los
suyos no lo recibieron. Pero a los que lo recibieron ... a los que creen
en su Nombre” (Jn. 1, 11-12); es decir, a los que creemos
que El es el Hijo de Dios, Dios vivo y verdadero, nos eleva a la categoría
de “hijos
9. ¿Nos damos cuenta de este
misterio… y de este tremendo privilegio?
El ser hijos de Dios nosotros seres
humanos, se repite muy fácilmente. Y de tanto oírlo sin
ponerle la atención que merece, se nos ha convertido en un “derecho
adquirido”. Pero es ¡tremendo privilegio! Un privilegio
infinito: ¡Hijos de Dios! ¡Lo mismo que Jesucristo!
El se hace Hombre y nos da la categoría de hijos de Dios; nos
lleva de nuestro nivel a su nivel.
Es así, entonces, como en el Cristianismo
podemos considerarnos hijos de Dios -pues lo somos-
y llamar a Dios “Padre”. Es una de las consecuencias
del Misterio de la Encarnación, el Regalo más grande que
Dios ha hecho a la humanidad.
Si nos preparamos bien este Adviento,
podremos aclamar llenos de alegría, junto con los coros angélicos
del día de Navidad: ¡“Gloria a Dios en el
Cielo”
| AMBIENTACION
Qué es el Adviento:
Es el tiempo de preparación
para la Navidad. El Primer Domingo de Adviento comienza el Año
Litúrgico, que es el año de culto de la Iglesia
Católica.
Comienza el Año preparándonos
para la venida del Salvador que nos fue prometida desde el pecado
de Adán y Eva. Consiste este tiempo en preparar nuestra
alma para recibir lo mejor que podamos a Jesucristo. Si todo
un Dios se rebaja hasta nuestra condición de ser humano
para estar con nosotros y para salvarnos, tenemos que recibir
lo más dignamente posible a Dios que viene a nosotros.
¿Cómo preparamos
nuestra alma? Con un buen arrepentimiento y una buena
Confesión. Y pensado qué le vamos a regalar nosotros
al Niño Jesús. Es su cumpleaños
¿y no le vamos a regalar nada?
Está bien preparar hallacas,
y comprar y recibir regalos. Pero eso no puede opacar el verdadero
sentido de este tiempo pre-navideño que se llama el Adviento.
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¡NO!
AL ESPIRITU DE LA NAVIDAD
El llamado espíritu de
la navidad, es un engaño del Demonio por la vía
del New Age para sustituir el verdadero sentido de la Navidad.
Es un culto de origen ocultista, que es una nueva forma de espiritismo.
Y espiritismo es invocar espíritus malignos.
¿Cómo se sabe que es
espiritismo? Veamos bien... ¿qué es invocar y
escribir a un “espíritu”? Esto del espíritu
de la navidad es un engaño similar al de todas las
ideas y prácticas del New Age: presentar
un error teñido de verdad; presentar
un peligro vestido de provecho; presentar una idea
anti-cristiana coloreada de cristianismo.
Lo que se busca con esto es sustituir
el sentido cristiano de la Navidad por ceremonias y prácticas
provenientes del ocultismo y del espiritismo, pero
bien disfrazadas de provechosas, espirituales y aparentemente
cristianas.
Los espíritus de Dios
sirven sólo a Dios y -si Dios así lo
dispone- pueden servir a los hombres en los designios salvíficos
que El tenga para nosotros (cfr. Catecismo de la Iglesia
Católica #350).
Los espíritus de Dios
(la Santísima Virgen María, los Ángeles
y Santos) no están para complacer caprichos escritos
en una carta a un espíritu cualquiera. Los amigos de
Dios sólo responden a lo que Dios les ordene, no a lo
que nosotros pidamos usando técnicas espiritistas, aunque
éstas parezcan inocentes.
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